No puedo creer que le sigas mandando mensajes.
Por eso estoy enojada contigo. No puedo creer que yo siga encontrando tus escritos para él, tus palabras.
ÉL, que no tenía nada en ése entonces y aún ahora es nulo, blanco y hasta banal.
TU, que tanto te crees (y es verdad en parte) que mereces, que conoces, que haces.
Es blanco y negro, pero no es como complemento. Esto es agua y aceite. No sé, a veces parece que podría serlo porque ambos son parecidos en su arrogancia.
Tu no te detienes porque no puedes aceptarlo y dejarlo ir. Él...pues porque no tiene nada más. Y es muy orgulloso y muy irresponsable para verte a los ojos y decirte: "Ya, basta. No más".
El es un adulto llevando vida de adolescente y tu desde adolescente te acostumbraste a llevar vida de adulta. Aún eres una joven llevando vida de adulta.
Eso pasa cuando estás en zona de trabajo. A solas, él te hacía (y por lo que veo, aún te hace) pequeña con sus palabras. Con su limitado vocabulario hace demasiado en tus sentimientos.
Pero es tan ignorante que a tí, con toda tu letanía de frases, no las capta completamente. Lo rebasan, se cierra y te acusa de débil. En realidad es como si él se dijera a sí mismo todo lo que sabe que él es.
De él nunc esperé nada. Es más, siempre supe que no debió estar ahí. Pero de tí, siempre fue na de esas cosas en las que me sentía más decepcionada.
Siempre tu tan arrogante pero siempre tan sublime frente a sus ojos.
Y él para mí siempre tan airoso, pero siempre tan insignificante frente a mis ojos.
No con respecto a ser vanidosa, alzada o algo así; es darte el lugar que el nunca se tomó la "molestia" de darte (obviamente no debería ser así). Tratarte como la mujer que eres.
No hay comentarios:
Publicar un comentario